miércoles, 18 de mayo de 2011

Cocaine

Vivo cada día como si de un clavo ardiendo se tratara... Un clavo candente que atraviesa mi piel, desgarrandome por dentro... Vivo cada día como si un millón de pistolas me disparara a la vez a cada instante, y cada bala me atravesara como si cada una de ellas pesara más que mi propio sufrimiento.

La idea de un corte limpio me ronda la mente a cada minuto, y a cada minuto que pasa, esa idea se hace más fuerte, el valor para llevarla a cabo se intensifica... Hay momentos en los que incluso me parece sentir el roce del frío de la cuchilla, o el sabor de una pastilla blanca que roza mis labios... A veces me parece oír como mis pulmones se marchitan y mi corazón se para a causa de la asfixia...

Y entonces busco algo, no sé lo que busco pero cuando lo encuentro me siento bien, me olvido por un tiempo de todo... Me olvido de tantas cosas... Que al día siguiente no consigo recordar qué fue lo que encontré para sentirme... Bien (digámoslo así), sólo me vienen a la mente vagos recuerdos, como relámapgos en los que veo humo y escucho risas... El sonido del prender de un mechero se escucha como un eco en mi mente, un interminable eco...

De ahí pasé a algo más. Algo que me hiciera olvidar aún más, algo que me alejara... Sólo recuerdo que con aquello bailaba, que bailaba y reía mucho... Ahora no. Ahora no río ni bailo, tampoco lloro. No hago mas que lamentarme... Tengo tantos cortes en  los brazos que parece no haber carne en ellos, tan solo llagas sangrantes... Recuerdo un nombre... Estaba en una bolsa... Blanco. Era blanco... C... Co... Blanco... Recuerdo blanco... Luces! Muchas luces... Y la sangre, el olor a muerte... Eso nunca se olvida, ni cuando encuentro aquello... Ni cuando lo tengo se olvida. Luces... Era como arena, muy blanca... Sangre. Co... Blanco, luces... Fiesta! Sí. Sangre, dolor y sangre...

No hay comentarios:

Publicar un comentario