miércoles, 15 de agosto de 2012
Comparación
Mis pulmones se niegan a respirar, se cierran como... ¿Hermético? No sé si es la palabra correcta, pero noto el sonido, noto el dolor de mis pulmones chillar y sangrar dentro de mi cuerpo negándose a dejar paso a un mínimo de aire. Aire plagado de mentiras, de seres fantásicos, de fantasía, de invenciones humanas que no llegaremos más que a escuchar pues verlas es imposible a nuestros ojos ciegos, como esfinges, llenos de enigmas. Lleno el aire de humo gris, denso, de un olor fuerte, ácido incluso y abro la boca, la garganta, dejo que me inunde por dentro, que me embriague con todos sus colores que como las mentiras somos incapaces de ver. Y entre el humo pasa el aire infectado, y muero un poco menos, un precio que pagar por un minuto más de sufrimiento. Llaman mentiras a las voces que mueren cuando dejamos de oírlas, de pensarlas. Llamamos aire a lo que nos mantiene en pie cuando nos derriban las mentiras, el humo. Llamamos vida a eso que nos arrebatamos de a poco, a ese hilo que, como un maltratador: nos aísla, nos acosa, nos pega, nos hiere... Pero seguimos a él aferrados, sin querer decir nada para no alterarlo, para que todo siga igual y pasar el dolor en silencio y la sangre en silencio y el llanto en silencio y la muerte. En silencio.
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