domingo, 30 de octubre de 2011

No se trata sólo de la destrucción, ¿o si?

Caen al mundo dos gotas provenientes del universo, que hacer rebosar los oceános de un planeta que poco a poco se desintegra hacia lo gris. Mundo que cae como los pétalos de una rosa que día tras día se marchita de apoco, cayendo al suelo árido, baldío y seco los pétalos descoloridos de la misma.

Como dos figuras que gritan como poseídas antes de caer al vacío, el mundo grita pidiendo auxilio. Com Ícaro cayendo al mar, como una gaviota, como la cera derretida de sus alas que se derrite para caer en nuestra piel, quemándonos con una sensación de placer incluso, ¿masoquismo? Pues como el dolor de la cera quemada le duele al mundo, le duele al mundo que sus habitantes lloren, que mueran desfigurados.

Nunca, nunca pude sentirme tan desgastado, marchito, como una verja de acero oxidado, como un columpio que chirría en un parque. Llueve, llueve mucho y el día gris devora nuestro planeta, que llora y lanza lágrimas que desbordan océanos de un planeta que no tardaremos en destruir. Lo destruiremos como nos destruimos a nosotros mismos.

miércoles, 19 de octubre de 2011

(sin título, ¿para qué?)

Y otra vez
la rabia
que chorrea por mis mejillas
en forma de lágrimas,
cristales,
que rasgan mi piel con cortes limpios,
me sangran las mejillas
y la sangre me resbala por el cuello,
me relamo las lágrimas en la comisura de mis labios.

Y como unas esposas
un cinturón de castidad
cadenas.
La impotencia,
que desintegra mi cuerpo
como si de ácido se tratara.

Y como un huracán
el ojo de la tormenta
un tornado arrastrando casas.
El miedo.
Que arrasa con todo.
Sin sentido te devora las entrañas.

Duele, todo duele,
todo me duele...
Y poco a poco
el dolor se convierte en apatía,
la rabia en inexpresividad
y el dolor en sangre,
sangre que ahora resbala por mis antebrazos,
mis venas rotas.

jueves, 13 de octubre de 2011

nadie quiere saberlo

Como alguien que sabe que está condenado, que asume que su vida tiene fecha, que muere lentamente con cada expiración. Como el que sube al monte a dejarse morir yo subo para dejarme caer, quiero dejarme caer...

Hay días que el dolor no llega en forma de rabia, hay días en los que el dolor se manifiesta de maneras muy distintas, devorándote por dentro, marchitando tu organismo y dejándote morir lentamente, dejándo que puedas observar tu triste y patética decadencia...

No, no es el simple hecho del dolor. Es la soledad y todo lo que ella acarrea, todo lo que trae consigo que es capaz de aplastar cuerpos, reventándolos contra el suelo. Yo estoy reventado contra el suelo, algo aplasta mi cráneo y deseo la muerte antes que aquel sufrimiento. Veo como la sangre chorrea de mis ojos y no me importa, por fin se acaba, todo acaba...

En aquel sueño por fion todo el sufrimiento acababa al despertar. ¿Y ahora? ¿Cuándo acabará? Espero impaciente el último capítulo del libro, espero impaciente que chorreen mis ojos y despierte, despierte en la nada. Que la muerte me despierte en lo negro, en lo frío, en lo inexistente del mundo...