domingo, 30 de octubre de 2011

No se trata sólo de la destrucción, ¿o si?

Caen al mundo dos gotas provenientes del universo, que hacer rebosar los oceános de un planeta que poco a poco se desintegra hacia lo gris. Mundo que cae como los pétalos de una rosa que día tras día se marchita de apoco, cayendo al suelo árido, baldío y seco los pétalos descoloridos de la misma.

Como dos figuras que gritan como poseídas antes de caer al vacío, el mundo grita pidiendo auxilio. Com Ícaro cayendo al mar, como una gaviota, como la cera derretida de sus alas que se derrite para caer en nuestra piel, quemándonos con una sensación de placer incluso, ¿masoquismo? Pues como el dolor de la cera quemada le duele al mundo, le duele al mundo que sus habitantes lloren, que mueran desfigurados.

Nunca, nunca pude sentirme tan desgastado, marchito, como una verja de acero oxidado, como un columpio que chirría en un parque. Llueve, llueve mucho y el día gris devora nuestro planeta, que llora y lanza lágrimas que desbordan océanos de un planeta que no tardaremos en destruir. Lo destruiremos como nos destruimos a nosotros mismos.

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