Hay días que el dolor no llega en forma de rabia, hay días en los que el dolor se manifiesta de maneras muy distintas, devorándote por dentro, marchitando tu organismo y dejándote morir lentamente, dejándo que puedas observar tu triste y patética decadencia...
No, no es el simple hecho del dolor. Es la soledad y todo lo que ella acarrea, todo lo que trae consigo que es capaz de aplastar cuerpos, reventándolos contra el suelo. Yo estoy reventado contra el suelo, algo aplasta mi cráneo y deseo la muerte antes que aquel sufrimiento. Veo como la sangre chorrea de mis ojos y no me importa, por fin se acaba, todo acaba...
En aquel sueño por fion todo el sufrimiento acababa al despertar. ¿Y ahora? ¿Cuándo acabará? Espero impaciente el último capítulo del libro, espero impaciente que chorreen mis ojos y despierte, despierte en la nada. Que la muerte me despierte en lo negro, en lo frío, en lo inexistente del mundo...
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