Y a veces...
A veces, de noche, cierro muy fuerte los ojos y los aprieto con fuerza. Abrazo la almohada con más fuerza aún e imagino que no estoy solo... Sonrío débilmente y siento como si la noche me acompañara, como si de verdad no estuviera solo...
jueves, 14 de julio de 2011
jueves, 7 de julio de 2011
Dejé de sentir!
Dejé de sentir.
Fue un acto involuntario,
no sentía nada y eso me daba miedo,
me aterrorizaba:
el dolor.
Tampoco sentía dolor
y las lágrimas caían por mis mejillas sin ni siquiera notarlo,
como si estuviera muerto,
muerto en vida,
un zombie.
Me daba asco
y algo en mi se revolvía,
se retorcía en mis entrañas
y vomitaba dentro de mi,
corroyéndome desde dentro.
Y me daba igual.
Me daba igual un hombre que vomitaba sangre en la esquina,
me daba igual una mujer embarazada que se desangraba en la carretera,
me la soplaban por completo los dos coches reventados,
los cristales rotos...
Cogí un cristal.
Cogí un cristal de la carretera y lo miré fijamente,
incluso conseguí esbozar una media sonrisa.
Una mueca de pánico,
dolor,
asco,
muerte,
una mueca de angustia,
desesperación...
Rasgué mi brazo,
rasgué con más fuerza
y ya de rodillas conseguí hacerme un corte profundo.
Dolía...
Dolía y yo era feliz...
Sentía, sentía dolor,
los otros sentimientos me daban igual,
sentía algo y estaba vivo,
y aunque me desangraba y moría un poco a cada segundo,
con cada bocanada de aire,
estaba vivo y lo sabía,
lo sentía...
Y ese monstruo que vomitaba en mi propio estómago se revolvía furioso
y gritaba mucho,
y arañaba con sus garras mis entrañas.
Me reventó por dentro,
igual que si me hubieran pegado 15 tiros en el cuerpo,
reventado,
muerto,
asqueroso...
Y el monstruo se reía ante mi figura muerta, desangrada en la acera.
El monstruo vomitaba por los ojos y me llenaba de vomito,
Dejé de sentir.
Fue un acto involuntario,
no sentía nada y eso me daba miedo,
me aterrorizaba:
el dolor.
Tampoco sentía dolor
y las lágrimas caían por mis mejillas sin ni siquiera notarlo,
como si estuviera muerto,
muerto en vida,
un zombie.
Me daba asco
y algo en mi se revolvía,
se retorcía en mis entrañas
y vomitaba dentro de mi,
corroyéndome desde dentro.
Y me daba igual.
Me daba igual un hombre que vomitaba sangre en la esquina,
me daba igual una mujer embarazada que se desangraba en la carretera,
me la soplaban por completo los dos coches reventados,
los cristales rotos...
Cogí un cristal.
Cogí un cristal de la carretera y lo miré fijamente,
incluso conseguí esbozar una media sonrisa.
Una mueca de pánico,
dolor,
asco,
muerte,
una mueca de angustia,
desesperación...
Rasgué mi brazo,
rasgué con más fuerza
y ya de rodillas conseguí hacerme un corte profundo.
Dolía...
Dolía y yo era feliz...
Sentía, sentía dolor,
los otros sentimientos me daban igual,
sentía algo y estaba vivo,
y aunque me desangraba y moría un poco a cada segundo,
con cada bocanada de aire,
estaba vivo y lo sabía,
lo sentía...
Y ese monstruo que vomitaba en mi propio estómago se revolvía furioso
y gritaba mucho,
y arañaba con sus garras mis entrañas.
Me reventó por dentro,
igual que si me hubieran pegado 15 tiros en el cuerpo,
reventado,
muerto,
asqueroso...
Y el monstruo se reía ante mi figura muerta, desangrada en la acera.
El monstruo vomitaba por los ojos y me llenaba de vomito,
se reía y comenzó a comerme,
me clavaba los dientes, arrancaba la piel y la saboreaba.
Arrancaba un trozo y lo vomitaba
y así hasta acabar con todo el cuerpo...
Y así quedé, como un charco de vómito de cualquier borracho
que vomitaba en una esquina de madrugada.
Olía a alcohol,
a mierda,
a dolor.
Dolor... quien pudiera sentirlo,
ahora no siento nada,
nada,nada...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)