jueves, 26 de mayo de 2011
Y gritaban otra vez... Se desgarraban la garganta, se esuchaban sonidos de juguetes rotos.
Cantaba.
Y los golpes eran cada vez más fuertes. Alguien caía por las escaleras, escaleras que no conducían más que a la desesperación.
Cantaba.
Y con las uñas se arrancaba la piel, encogido sobre sí mismo, el mundo parecía no tener sentido entonces, todo parecía muerto.
Cantaba.
Y pasaban los días, los meses... Todo igual que antes, los colores no tenían sentido y adelgazaba cada vez más... La comida no tenía sentido tampoco... ¿Para qué moverse?
Cantaba.
Y un día dejó de cantar, dejó de cantar para gritar por un momento, gritó por la ventana y pidió auxilio, la desesperación de devoraba como si una masa amorfa de babas negras le consumiera desde dentro. Y nadie acudió a su llamada más que la muerte, seimpre puntual, que sí acudió a su llamada, con una sonrisa dibujada en sus huesudos labios, de los que salía una especia de masa negra...
Y el negro lo devoró todo. Y nadie volvió a cantar, nunca.
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