Anoche soñé con ella... De nuevo. Volvía a arrastrarme con ella y nos fundíamos en el oscuro mundo al que me llevaba, sus caricias, aunque dolorosas no podían ser más placenteras. Lo sentía, era capaz de notar aquella sensación de placer que me producía su sola presencia... Quería estar con ella para siempre.
Rozó mi piel el filo de su guadaña y llenó mis labios con sangre. Dulce... Caía al suelo en aquel sueño de algodones mientras el negro devoraba mi cuerpo. Placer...
Me miraban sus ojos huecos de los que salían gusanos y yo le sostenía la mirada, sonriente... Ella esperaba que el negro terminara con mi cuerpo sin cambiar la expresión de la cara... Aquella calavera envuelta en manto negro parecía impasible ante mi declaración de amor al fundirme en su mundo, el infierno me tragaba, y tragaba mis sueños consigo... Y yo era feliz.
Desperté entre sudores y lágrimas, entre sonrisas y sollozos de rabia... No era real, ¿por qué no era real? Intenté volver a crear aquella imagen pero era imposible. Había estado tan cerca... Me llevé las manos a la nuca e intenté respirar, lloraba. Lloraba ahora de impotencia, de rabia cotenida, quería volver con ella. La amaba, la necesitaba... Llamé con mis ojos y gritos mudos a la muerte, pero no venía, no respondía a mis súplicas...
-Son todas unas estrechas...- Y aunque triste y melancólico, me volví a dormir.

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