domingo, 13 de marzo de 2011

Caja de cerillas

Se reflejaban en sus pupilas dilatadas por la oscuridad de la estancia una llama diminuta que luchaba por mantenerse. Parecía estremecerse y desgarrarse por los lados hasta que, poco a poco iba creciendo. Lentamente… Muy lentamente…
La luz iluminaba ahora algo más del lugar donde se encontraba, tanteó con sus manos huesudas la pared que tenía a su espalda. Frío… Se acercó un poco a donde se encontraba la llama que parecía haber nacido de la nada, extendiendo la mano con la que había tocado antes la pared hacia ella. Calor…
Retiró la mano y pudo vislumbrar otra pared al frente, un techo a varios metros de altura y, conforme sus ojos se iban acostumbrando a poca luz que había, supo que estaba encerrado. 4 paredes de yeso, negras, gruesas y probablemente insonorizadas, ninguna puerta ni lugar por donde a salir, ninguna grita, ninguna abolladura, todo liso y duro, todo negro, el suelo del mismo material que las paredes… Y aquellas llamas que se habían hecho más grandes conforme tanteaba el lugar  y que consumían el poco oxígeno que debería quedar ya en aquel lugar. Aquel lugar…
 ¿Qué era aquello? No se había planteado pensarlo en las horas que llevaba allí sin moverse mirando al infinito, no se había molestado en querer saber donde estaba hasta que vio por primera vez aquel lugar, el lugar que sería su tumba, el lugar de su cada vez más próxima muerte.
Gritó una vez pidiendo auxilio. Gritó otra vez maldiciendo su existencia. Sopló con fuerza y apagó el fuego, inspiró con más fuerza aún, notando como en sus pulmones apenas entraba oxígeno…
El suelo retumbó con el golpe de su cráneo al romperse contra el mismo, convulsionó varias veces... Y en el reflejo de sus pupilas, dilatadas por la oscuridad de la estancia, una llama diminuta que nacía de ninguna parte.

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