Quiero morderme las uñas hasta que la sangre resbale a chorros por mis putrefactas manos de muerto, quiero clavarme alfileres ardiendo en los ojos, cortarme las venas una a una con un cuchillo diferente, vomitar mis tripas hasta quedarme seco, golpearme la cabeza contra el suelo hasta reventarla por completo, morderme el pecho con mi cabeza arrancada del cuello y sacarme el corazón a mordiscos, beber mi sangre y vomitarla hasta reducirla a polvo. Golpearme las manos con un martillo y salpicarme la cara con mi propia sangre aún caliente.
Me tiemblan las manos, sólo queda la impotencia.
Trepan monstruos horribles por mi espalda a la vez que escribo, me desgarran la garganta y escupo sangre con cada palabra, un látigo me azota a cada segundo y me lo merezco, merezco el castigo, merezco el dolor, la sangre…
Me tiemblan las manos, quien pudiera pudrirse bajo la tierra.
La moscas escapan de mi lengua y se convierten en arañas enormes que babean ante mis ojos, intento apartarlas y no puedo. No veo nada, no veo nada, no veo nada… Mis ojos chorrean sangre y me tapan la vista, no atino a golpear mis manos con el martillo, ni a clavarme los alfileres. Quiero sentir más dolor aún, necesito provocarme más dolor del que ya siento. Se derrumban las paredes y me aplastan, el suelo se llena de sangre.
Me tiemblan las manos, se agota la rabia con cada lágrima que cae al suelo desde mi mejilla. No existo, desaparezco, me desvanezco entre el fuego y la sangre.

Este viejo analista de sentimientos (siempre tocando de oído, claro, no puede ser de otra forma)no tiene por menos que preguntarse por el cúmulo de sentimientos, tal vez uno solo, quizás, que impelen a expresarse de esta forma que tú lo haces. Yo, seguramente simplón de mí, nunca he tirado de artillería tan pesada.
ResponderEliminarEl dolor, mi querido amigo, si se pone de manifiesto con este desgarro, pienso, es algo más que dolor.
Quizás puede obedecer a una gran necesidad de expresarse libremente, sin cortapisas ni barreras, como lenitivo desesperado frente al triste, inane, discurrir de los días cargados de frustraciones, incluso de simulaciones, de represiones y de obligada aceptación de un modelo vital que odiamos profundamente.
Bién está tal válvula de escape, no lo ponga en duda.
Déjame ahora pensar en voz alta. Alguna vez todos nos hemos sentido así, aunque el sentimiento se multiplica en sujetos hipersensibles. Los ha habido, muchos, que han usado la libre expresión, sin reglas, como tal válvula de escape. Otros, en cambio, entre los que creo que me inscribo, han encontrado gran ayuda en la poesía, algo que permite exacerbar la pasión adornándola de belleza, ¿por qué no? Táchame de mojigato si quieres, no me importa. Para estos asuntos me suelo mirar en el espejo de mis mayores: Antonio Machado era una persona triste, depresiva, lo deja de manifiesto en su obra, aunque el colmo llevado a las letras lo pone Becquer. Ambos artistas creo que murieron de tristeza, sin embargo dejaron en sus escritos todo un universo de sentires, que en alguna medida pueden servir de apoyo ante el indeseado devenir de una vida cuajada de golpes y sinsabores.
Como diría Ghoete, prefiero la injusticia al desorden, ¡qué cobardía!, algo que corrobararía el bueno de Bogart: "no hay nada que no remedie un vaso de licor o una bala del 38, pero es preferible un cobarde vivo a un valiente muerto"
Un abrazo de este viejo diletante.