lunes, 8 de agosto de 2011

man - iquí

Quiero ser un maniquí.

Los maniquíes no tienen ojos.

No ven, no miran.

Los maniquíes no tienen orejas,

no oyen, no escuchan.

                                                                                   

Los maniquíes son superiores:

No sienten.

Quiero ser un maniquí,

no quiero ver,

no quiero escuchar,

no quiero sentir.



Los maniquíes;

inertes, fríos,

seres perfectos...



Quiero ser un maniquí,

vestido de Aramani,

algo que no se consume

a causa de los horrores diarios,

del mundo.

1 comentario:

  1. No, y mil veces no. No es bueno ser una maniquí, insensible, perfecto, bien vestido. No, decididamente no. Prefiero ser una extraña mezcla de oxígeno y carbono cuajada de imperfecciones, de sentidos que me agreden, que me hacen llorar, llorar de amor o de odio, de lo que quieras. Lo contrario es la muerte, la nada, ese es el mayor de los horrores. Los horrores diarios que nos depara el mundo, como tú dices, no son nada (al menos en nuestro caso, felices habitantes del bienestar) si lo comparamos con los caprichosos avatares que nos depara el sentirnos vivo, ser curioso, malo, bueno, mejorable, ridículo a veces, insatisfecho casi siempre, feliz a ratos, mimando al tiempo...
    Siento mucho ser tan diletante, y tan viejo...

    ResponderEliminar