que tú me entregaste.
¿Pensaste si quiera en mi opinión?
Nunca quise venir al mundo
y hoy, entre palabras con trozos de vómito,
un suicidio leve,
un desgarro desde dentro
brotando serpientes.
Brotan de tu útero, madre.
Serpientes de tu vientre
a mi esófago podrido.
De tu pútrida vagina
a mi cuerpo muerto.
Quisiera quitarme la vida
que me otorgaste en mal estado,
putrefacta.
¿Qué tienes en los ojos, madre?
Es reflejo de violencia,
que crece como un cáncer
sobre tu piel pálida,
sobre tus mustios labios
que hicieron del sexo
algo despreciable: mi creación.
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